Prácticas estoicas para vencer la crisis

¡Productividad Arata! Siempre que estamos pasando por una grave crisis, podemos buscar métodos consagrados para mantener nuestra productividad en alta. Uno de los métodos más fiables que puedes usar en tiempos como éste es el estoicismo.

Hace dos mil trescientos años, en la Antigua Grecia, un filósofo llamado Zenón creó una escuela de pensamiento llamada estoicismo. Su idea principal era que nuestras emociones pueden perjudicar tanto nuestro pensamiento como nuestra acción. Por eso, para mantenernos concentrados, todos deberíamos actuar en base a tres pilares: la imperturbabilidad, la extirpación de las pasiones y la aceptación de la realidad tal y como es.

¿Ves cómo esos tres pilares son perfectos para superar la crisis? 1) Mente inamovible; 2) acción libre de pasiones; 3) Aceptación de la realidad. Si no te dejas perturbar por lo que está ocurriendo fuera, eres más productivo. Si aceptas la realidad tal y como es, eres más productivo.

Es fácil de entender, pero ¿cómo puedes llevar a cabo esas ideas en la vida real, en tu día a día? Para eso, quiero presentarte algunas técnicas estoicas fáciles que van a aumentar tu productividad y que pueden usarse especialmente en momentos de crisis.

1. Pon intención en tu día. Una rápida reflexión por la mañana te va a garantizar un día productivo.

En el episodio anterior de la serie Productividad Arata, hablamos sobre cómo vivir el día a día puede ayudarte a pasar por periodos de crisis.

Puedes poner en tu día haciendo una rápida reflexión matutina. En cuanto te levantes, incluso antes de coger el móvil y mirar las notificaciones, aprovecha la tranquilidad de la mañana y pasa unos minutos reflexionando sobre lo que vas a hacer durante el día.

Coge papel y boli y escribe las tres cosas más importantes que vas a hacer durante ese día. Planea cómo vas a hacer esas tareas y cómo vas evitar los obstáculos que seguramente vayan a aparecer durante el día.

Este simple ejercicio puede cambiar completamente la forma en que afrontas cada día. Por la mañana temprano tu mente está más clara y puedes escribir sin estar condicionado por los acontecimientos y noticias de la crisis. Aprovecha ese momento único y define cómo vas a hacer que tu día sea productivo.

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2. Imagina cómo sería tu mejor versión. Haz una lista de las características que tendría esta versión y trabaja intencionalmente para conseguir cada una de ellas.

En la reflexión matutina, planeaste cómo sería tu día ideal. ¿Qué te parece si imaginas cómo sería la persona ideal? ¿Cómo sería tu mejor versión?

Claro que la persona ideal no existe y nunca vas a llegar a la perfección. Pero tener una buena descripción de cómo sería esa persona sirve como guía para encaminarse a donde quieres llegar. Aunque no llegues, vas a estar en el camino correcto.

¿Qué cualidades tendría tu mejor versión? ¿Qué hábitos necesitarías adquirir y cuáles tendrías que dejar a un lado para convertirte en tu mejor versión? ¿Qué valores personales cultivaría esa persona?

Esas son preguntas complejas que llevan a un gran autoconocimiento. Para ayudarte, puedes hacer una lista de personas a las que admiras. Pueden ser personas reales o ficticias, del pasado o del presente. Cuando hagas esa lista de personas, pregúntate por qué las admiras. ¿Qué cualidades tienen que te gustaría tener? Y ¿cómo podrías adquirir esas cualidades?

Después de hacer esa lista, piensa en cómo puedes empezar a adquirir cada una de sus cualidades en la práctica. Y empieza a actuar intencionalmente para traer a tu vida las cualidades que admiras.

3. Dedica unos momentos a estar solo. Cultiva el silencio para organizar sus pensamientos y mejorar tus acciones.

Uno de los grandes problemas de la crisis es que parece estar en todas partes. Coges el móvil y está todo el mundo hablando de la crisis. La prensa sólo tiene noticias sobre eso. Y hasta tus amigos hablan sólo de eso.

Este bombardeo de información negativa acaba contaminando tu mente y perjudicando tu productividad. Como sólo piensas en esta información, no eres capaz de concentrarte en tu trabajo y no produces tan bien como te gustaría.

Una buena salida para esta situación es dedicar algunos momentos durante el día para estar solo y en silencio. Siempre que sientas que la cantidad de información es alta y que tu productividad está siendo mala, dedica unos minutos a calmar tu mente.

En ese tiempo en el que estás solo, puedes meditar usando la técnica que creas más conveniente. O puedes simplemente hacer una reflexión sobre por qué te estás sintiendo de esa forma, por qué no estás concentrado, por qué no estás consiguiendo ser productivo.

Existen tres cosas que puedes recordar durante esta reflexión. La primera, es recordar que la forma en la que interpretas los acontecimientos vale mucho más que los acontecimientos en sí. Tu reacción ante lo que ocurre es más importante que lo que ocurre. La segunda, es recordar que el mundo está siempre cambiando, y no hay mucho que puedas hacer al respecto. Y por último, recuerda que no vas a vivir para siempre.

Si tienes dificultad para hacer este tipo de reflexión, intenta escribir un diario sobre estos pensamientos. Cuando dediques ese momento a estar solo, abre tu diario y empieza a escribir sobre lo que estés sintiendo. El simple hecho de escribir, ya va a darle una cierta estructura a tus pensamientos, ya que la escritura es una expresión mucho más lineal que los pensamientos.

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4. Pela tus problemas como una cebolla hasta llegar al núcleo de la cuestión. Céntrate en resolver sólo el núcleo, y los demás problemas van a desaparecer.

Todos los problemas a los que nos enfrentamos tienen muchas capas, como si fuesen una cebolla. Normalmente, nos quedamos atrapados en las capas superficiales y dejamos de enfrentarnos al núcleo del problema. Pero si conseguimos resolver el núcleo del problema, todas esas capas asociadas también desaparecen.

Para esto, puedes usar la técnica de la cebolla. Imagina que uno de los problemas que estás enfrentando es una cebolla, con muchas capas. Ahora imagínate pelando cada una de esas capas hasta llegar al núcleo del problema.

Las capas son las cosas que traemos junto al problema, y no el problema en sí. Por ejemplo, muchas veces dejamos de resolver un problema de forma más directa por miedo a lo que las personas piensen, por no querer infringir una regla social o por el simple miedo a equivocarnos.

Todos estos miedos son capas extras, cosas que nosotros mismos añadimos al problema en sí. Dejando todo eso de lado y concentrándonos en resolver el problema de una forma más directa, también resolvemos todos estos miedos.

5. Piensa en todo lo que podría salir mal. Definir tus propios miedos es más importante que definir tus objetivos.

Uno de los mayores nombres del estoicismo es Séneca, que creó una técnica muy útil en tiempos de crisis: La Premeditación de los Males. El nombre puede parecer complicado, pero el ejercicio es tan sencillo como esto: tienes que pensar en todo lo que puede salir mal cuando vayas a hacer algo. Y así, descubrir cuáles son tus miedos.

Esta técnica parte del principio de que definir tus propios miedos es más importante que definir tus objetivos. Tener claros tus miedos es esencial para entender tus propias emociones y, así, actuar a pesar del miedo.

Sufrimos más con los miedos que existen en nuestra mente que con los peligros reales que la vida nos presenta.

Por eso, al definir tus miedos, puedes conseguir distinguir aquello que puedes controlar y lo que está fuera de tu control. Y aprender a concentrarte tan sólo en lo que puedes controlar.

El ejercicio es relativamente fácil. Debes analizar y describir con detalle las peores situaciones posibles. A lo que tienes más miedo en la vida y que está impidiéndote actuar para alcanzar tus mayores objetivos.

6. Tres pasos para definir la peor situación: haz una lista de tus mayores miedos, imagina lo que puede ocurrir y considera el coste de la inactividad.

El ejercicio de la Premeditación de los Males debe realizarse en tres pasos:

El primer paso se llama «Y si yo…?». Debes hacer tres columnas en una hoja de papel y definir en la primera columna tus diez mayores miedos, las diez peores cosas que podrían ocurrir en tu vida.

En la segunda columna, escribe las diez maneras de prevenir cada uno de esos miedos. Puedes responder a la pregunta «¿Qué puedo hacer para evitar que ocurran esas situaciones o para que, por lo menos, disminuya la probabilidad de que ocurran, aunque sea mínimamente?

Finalmente, en la tercera columna, escribe las diez formas de resolver cada uno de esos diez miedos, en caso de que ocurran. Para eso, responde a la pregunta: «Si ocurre lo peor, ¿qué puedo hacer para reparar los daños, aunque sea mínimamente? ¿A quién puedo pedirle ayuda?»

Por ejemplo, digamos que tu mayor miedo en la vida es enfermar. Escribe eso en la primera columna. En la segunda columna, escribe lo que podrías hacer para evitar enfermar. Y, en la tercera columna, escribe lo que necesitarías saber si realmente te enfermaras.

El segundo paso es responder a la siguiente pregunta: «si entro en acción a pesar del miedo, ¿qué beneficios puedo tener por intentarlo o incluso conseguirlo?»

Ese segundo paso nos deja claro qué beneficios mínimos podemos tener si lo intentamos y actuamos a pesar del miedo.

El tercero y último paso se llama «El Coste de la Inactividad»: tienes que escribir lo que va a costarte emocionalmente, físicamente y hasta financieramente si cedes al miedo y no entras en acción.

Primero, escribe lo que la falta de acción va a costarte en los próximos seis meses. Después, en un año. Y, finalmente, lo que la inercia va a costarte de aquí a tres años si no entras en acción.

Somos buenos imaginando lo que puede salir mal si intentamos hacer algo. Pero pocos consiguen pensar con exactitud lo que puede ocurrir si no hacemos algo.

Toda decisión que tomamos, ya sea la de hacer o la de no hacer algo, tiene un coste. El tercer paso tiene como objetivo dejar claro ese coste.

7. Usa los tres pilares del estoicismo para salir de la crisis. Ten una mente imperturbable, no te dejes llevar por las emociones y acepta la realidad tal y como es.

Una crisis grave nos debilita la mente, nos hace actuar en base a emociones fuertes y nos trae el deseo de que la realidad fuese diferente de lo que realmente es.

En otras palabras, una crisis grave sacude de una sola vez los tres pilares del estoicismo: la imperturbabilidad, la extirpación de las pasiones y la aceptación de la realidad.

En la conversación de hoy, has aprendido una serie de técnicas para reforzar estos pilares. Todas estas técnicas se basan en el autoconocimiento, en tener claros tus sentimientos y tus pensamientos para entender cómo estos afectan a tus acciones.

Para mantener tu productividad en alta aunque estés en momentos de crisis, pon en práctica lo que has aprendido aquí para conocerte mejor y así evitar que tu mente sea perturbada por eventos externos. De esta forma, puedes tomar decisiones más racionales y aceptar la realidad tal y como es, actuando de la mejor manera posible para salir de la crisis.

Las prácticas estóicas son muy útiles para afrontar una crisis. Pero no son las únicas técnicas que puedes poner en práctica para mantener tu productividad en alta aunque estés en momentos difíciles.

Si tienes dificultad para encontrar tiempo para producir más y mejor durante esta época de crisis, te invito a que veas una clase especial del entrenamiento Productividad Ninja sobre gestión del tiempo.

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