El Inversor Inteligente, de Benjamin Graham

Ganar dinero en la bolsa de valores se ha convertido en el deseo de mucha gente en los últimos años. Sólo hay que ver la cantidad de canales y perfiles en redes sociales que recomiendan acciones, hacen day trade e intentan convencerte de que puedes multiplicar tu dinero en poco tiempo.

El problema es que si entras en la bolsa de valores sin una estrategia inteligente, lo que probablemente va a pasar es justo lo contrario. Puedes perder mucho dinero.

¿Pero cómo puedes conseguir enriquecer y evitar tener perjuicios?

No basta con ser muy inteligente. Un ejemplo claro de esto es el caso de Sir Isaac Newton, uno de los mayores genios de la historia. Pues resulta que Newton invirtió en acciones de la South Sea Company y al principio tuvo lucro. Pero después, esa ganancia inicial acabó transformándose en una pérdida equivalente a más de tres millones de dólares actuales.

Entonces alguien podría decir que para enriquecer con acciones hay que tener mucha suerte. Sin embargo, la suerte es algo que está fuera de nuestro control. Y podemos encontrar ejemplos de éxito de personas que usan conocimientos específicos para obtener resultados.

Es el caso de Warren Buffet, uno de los hombres más ricos del mundo, que hizo fortuna invirtiendo en el mercado de las acciones. Y, en su opinión, el mejor libro para aprender sobre inversiones es El Inversor Inteligente, de Benjamin Graham este enlace.

Por eso, en el resumen Arata Academy de hoy vamos a entender por qué Warren Buffet dice eso y por qué ese libro, que fue escrito en la década de los 40, sigue estando en la lista de los más vendidos sobre finanzas. La razón es que está lleno de contenido valioso y que hace énfasis en principios fundamentales e invariables.

Atención: este es un resumen de un libro y no una orientación financiera. Lee el aviso completo antes de avanzar.

1. Entiende la diferencia entre precio y valor. Así es como se analiza con base en principios fundamentales.

La idea principal que se esconde en el libro El Inversor Inteligente es que hay que descubrir el valor real de una empresa y, así, comprar una acción de esa empresa a un precio por debajo del valor establecido. Eso permite que tengas un margen de seguridad y aumenta tus posibilidades de obtener lucro a medio y largo plazo cuando vendas esa acción por un precio muy por encima del precio por el que la compraste.

El principio básico de una inversión inteligente es comprar empresas con buenos fundamentos a un precio con descuento. Cualquier cosa diferente a eso es pura especulación.

Puedes pensar que eso es imposible, que el mercado automáticamente pone precios a todas las empresas de la bolsa según su valor real. Pero no es exactamente así.

Piensa, por ejemplo, en cuando surgió la pandemia de coronavirus en marzo de 2020. De la noche a la mañana los precios de prácticamente todas las empresas de la bolsa cayeron en picado en todo el mundo. Fue un momento de pánico en el mercado.

¿Es posible que esas empresas hayan perdido fundamento a esos niveles de un día para otro? No.

Tienes que entender que precio y valor son dos conceptos diferentes. Valor es lo que algo vale. Precio es lo que el mercado está dispuesto a pagar en un determinado momento. Y el precio está sujeto a las oscilaciones del mercado.

Los precios del mercado no tienen mucho que ver con el valor de la empresa, especialmente no con las bolsas de valores llenas de especuladores.

El precio de una acción está definido por la oferta y por la demanda. Sin embargo, el valor de una empresa se define por el análisis de sus fundamentos.

Y es precisamente gracias a esa diferencia entre valor y precio que puedes comprar acciones con precios con descuento y así multiplicar tu dinero a medio y largo plazo, vendiendo la misma acción a un precio mucho más alto cuando esté sobrevalorada.

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2. El inversor inteligente es un realista que compra a los pesimistas y vende a los optimistas.

¿Cómo puedes intentar ser realista y analizar acertadamente el valor de las empresas que se negocian en la bolsa de valores? Tienes que protegerte de las trampas en que caen los optimistas y los pesimistas. Y hay cinco principios básicos que tienes que seguir para evitarlas.

El primer principio es entender que una acción no es sólo un código de letras en la pantalla de tu ordenador o de tu móvil. Esas letras representan una empresa real, con personas que trabajan y generan un valor intrínseco independiente del precio de la acción.

El segundo principio es que hay que acostumbrarse a la idea de que el mercado de acciones funciona como un péndulo que oscila entre un optimismo exagerado, que hace que las acciones se vuelvan muy caras, y un pesimismo injustificable que hace que las acciones bajen de precio. Tu trabajo es comprar acciones cuando estén baratas y venderlas cuando estén caras.

El principio número tres es entender que el valor futuro de cualquier inversión depende de su precio presente. No sirve de nada elegir la mejor empresa del mundo si tienes que pagar demasiado para comprar una acción suya. En cualquier caso, cuanto más alto sea el precio pagado, menor será tu espacio de ganancia.

El cuarto principio es aceptar desde el principio que no puedes eliminar el riesgo de equivocarte. Lo único que puedes hacer es reducir ese riesgo manteniendo siempre un margen de seguridad; es decir, nunca pagar un precio demasiado alto cuando compras una acción.

El quinto principio es entender que el secreto de tu éxito financiero depende de ti mismo. Tienes que adquirir conocimiento, aceptar tu responsabilidad y no creer en noticias ni en opiniones ajenas. El comportamiento de tus inversiones es bastante menos importante que tu propio comportamiento.

3. Hay dos tipos de inversores. Tienes que establecer cuál es tu perfil antes de empezar a invertir.

Hay una diferencia entre especuladores e inversores. Una operación de inversión es aquella que, tras un análisis profundo, promete la seguridad del valor invertido y una ganancia adecuada. Todas las operaciones que no cumplen esas condiciones son especulativas.

Los especuladores están en la bolsa de valores como quien está en un casino. Compran y venden acciones en el mismo día, haciendo day trade, operan apalancados apostando un dinero que no tienen, toman decisiones simplemente mirando gráficos sin importarles los fundamentos de la empresa…

Por otro lado, los inversores son los que están en la bolsa con el objetivo de hacerse socios de buenas empresas, invirtiendo en negocios reales para obtener lucro. El libro sólo trata de los inversores y no se centra en los especuladores.

Los inversores se pueden dividir en dos tipos: el inversor defensivo y el inversor agresivo.

La mayoría de las personas se encajan en el perfil del inversor defensivo. Piensa en alguien con cualquier profesión, cuya fuente de ingresos venga de su trabajo, pero que quiere invertir parte de lo que gana para aumentar su patrimonio.

Esa persona no acompaña el mercado de acciones todos los días ni puede tomar decisiones frecuentemente. Por eso, el papel principal de un inversor defensivo es evitar pérdidas o errores graves.

Por otro lado, el inversor agresivo dedica mucho más tiempo y cuidado a elegir acciones que sean más seguras y atractivas que la media. Como recompensa, puede ganar un poco más que el inversor defensivo.

Antes de empezar a invertir en la bolsa de valores, tienes que decidir si vas a ser un especulador o un inversor. Si decides ser un especulador, este libro no va a traerte muchos beneficios.

Si decides ser un inversor, tienes que elegir entre ser un inversor defensivo o un inversor agresivo.

Esas definiciones iniciales son muy importantes para que sigas una estrategia coherente y no cometas errores que pueden costarte una buena parte de tu patrimonio.

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4. Para aumentar tus posibilidades de comprar a la baja y vender al alza, haz reajustes y coloca bien tus activos.

Vamos a explicarlo todo para que lo entiendas fácilmente.

Existen dos clases de inversión en las que puedes colocar tu dinero: la renta fija y la renta variable. Son activos, específicamente, activos financieros.

La renta fija es menos arriesgada, pero no da grandes rendimientos. La renta variable es más arriesgada, por lo que también conlleva más oportunidades de ganancias.

Entonces, como inversor tienes que saber cómo vas a distribuir tu dinero. ¿Qué parte vas a dejar en renta fija? ¿Qué parte vas a dejar en renta variable? Eso se llama colocación de activos.

Por ejemplo, imagina que has decidido colocar la mitad de tu dinero en cada una de esas clases de inversión. El cincuenta por ciento en renta fija y el cincuenta por ciento en renta variable. Puedes incluso imaginarte dos cubetas del mismo tamaño que representan tu dinero colocado en cada uno de estos activos.

Entonces, si tenías diez mil para invertir, dejas cinco mil en renta fija y cinco mil en renta variable. Imagínate cada uno de los cubos con valores equivalentes a cinco mil cada uno.

El problema es que, con el paso del tiempo, ese dinero acumulado va a cambiar de proporción. Depende de cuánto vaya a producir cada uno de ellos o incluso de cuánto valor vaya a perder. Entonces, más allá de decidir cuál va a ser tu atribución inicial, también tienes que establecer cierto margen de variación que estás dispuesto a tolerar. Por ejemplo, un margen del veinte por ciento para más o para menos.

Siguiendo con nuestro ejemplo, imagínate que, después de un tiempo, tus acciones te han traído beneficios. Las acciones forman parte de la clase de renta variable.

Si ahora tienes en total veinte mil, ¿qué quiere decir que ha pasado? Que tu dinero total se ha duplicado. Y cuando miras la cubeta de renta variable, descubres que tienes catorce mil. Y en la cubeta de renta fija tiene seis mil.

¿Qué proporción del total representan ahora los cubos?

Has acertado si has pensado que catorce mil es el sesenta por ciento de veinte mil y que seis mil es el treinta por ciento de veinte mil.

¿Te has dado cuenta de que ahora la proporción es distinta? Al principio habías establecido que querías mantener el cincuenta por ciento en renta fija y el cincuenta por ciento en renta variable. Pero lo que ha pasado ha sido que la renta variable del ejemplo ha dado tantas ganancias que ha cambiado las proporciones.

Como en nuestro ejemplo hemos quedado en que la tolerancia fuese del veinte por ciento para más o para menos, ha llegado el momento de equilibrar la balanza y restablecer las proporciones. El nombre técnico de esto es rebalance.

Puedes vender algunas de las acciones ahora y colocar más en el cubo de renta fija. Eso está de acuerdo con la idea principal del inversor inteligente, ya que estás vendiendo por un precio más alto del que pagaste.

Esta es la explicación más simple posible. Ahora podemos pasar a los detalles.

La parte más difícil es seleccionar los activos que forman parte de cada una de esas clases. ¿Qué activos de renta fija vas a comprar? ¿Qué acciones vas a elegir? ¿La renta variable sólo va a tener acciones o también fondos inmobiliarios, fondos de acciones u opciones?

Esta selección dentro de cada clase debe seguir la idea de diversificación y formación de precio promedio.

5. Diversifica tus inversiones y apuesta por la estrategia de formación de un precio promedio que esté con descuento.

El inversor defensivo debe enfocarse en comprar acciones de empresas líderes con un historial comprobado de lucro y que estén en buenas condiciones financieras. Atención: el inversor defensivo tiene que ser conservador y no debe aventurarse en las empresas de moda ni en las acciones de empresas en crecimiento.

Cuando una empresa es muy nueva, suele llenarse de deudas para conseguir crecer. Y su precio es mucho más caro porque el mercado tiene la expectativa de que va a dar dinero en el futuro; sin embargo eso es incierto. En lugar de eso, el inversor defensivo debe quedarse con las empresas que tiene pruebas de que han dado dinero a lo largo de los años y que tienen bases sólidas.

Por otro lado, el inversor agresivo no tiene esa limitación. Ya que va a dedicar muchas más horas al día a estudiar el mercado, el inversor agresivo puede comprar otros tipos de acciones, pero tiene que elegirlas tras haber hecho un análisis inteligente.

La manera correcta de elegir una acción es entrar en la página web de las empresas, descargar los balances que están obligadas a publicar y estudiar uno a uno todos los indicadores que incluyen. Sólo a partir de ese análisis vas a poder concluir si la empresa tiene buenos fundamentos y si el precio actual de una acción es caro o barato teniendo en cuenta esos fundamentos.

Además, hay algunas otras cosas que puedes hacer para reducir tus posibilidades de error.

Primero, tienes que diversificar. Debes elegir varios sectores y, para cada sector, escoger más de una empresa. Una cartera diversificada debe tener entre diez y treinta acciones.

Segundo, puedes comprar fondos de inversión que eligen acciones o que, simplemente, siguen un índice de acción preestablecido.

Tercero, debes tener en cuenta la inflación actual, la situación económica, las perspectivas de futuro del lugar en el que vives. Siempre que vayas a analizar si una acción está creciendo, acuérdate de diferenciar el crecimiento real del crecimiento inflacionario y del crecimiento especulativo.

Y, por último, puedes apostar por la táctica del coste promedio para ir invirtiendo mes a mes un mismo valor en la acción elegida, formando así un precio promedio que esté con descuento en relación con los fundamentos que has analizado. Esta es la estrategia más simple y la que puede resultar más ventajosa a largo plazo, lo que, en el mercado de acciones, supone unos veinte años.

Ya explicamos en detalle la técnica del precio promedio, DCA, Dollar Cost Average, en el episodio 08 de la serie Dinero Arata este enlace. Básicamente, tienes que elegir activos, establecer porcentajes para cada uno de ellos e ir invirtiendo mes a mes parte de tus ingresos para llegar a esos porcentajes. Si algún activo se valoriza mucho en relación con los otros y se pasa del límite máximo del porcentaje establecido, tienes que hacer un reajuste. Debes vender cuando al alza y recolocar ese dinero en un activo que esté por debajo del porcentaje marcado comprando a la baja.

Cuando hagas esto, acuérdate de que las acciones no son únicamente códigos en la pantalla de tu ordenador. Existe una empresa de verdad por detrás de ese código; hay personas de verdad trabajando en un negocio de verdad. Y, en el mundo real, las empresas en regla crecen lentamente a lo largo de los años pasando por altibajos.

6. No intentes acertar el tiempo del mercado. En su lugar, céntrate en la relación entre el valor y el precio de cada acción.

El mercado varía como un péndulo. A veces estamos en un mercado alcista, conocido como bull market. Otras veces estamos en un mercado bajista, conocido como bear market. Estos nombres vienen de una analogía con estos animales: los cuernos del toro que te lanzan hacia arriba son el bull market, y la pata del oso que te aplasta es el bear market.

Ese movimiento pendular da oportunidades al inversor que quiere ganar dinero. Hay dos formas de lucrarse con la oscilación: por el camino de la anticipación del mercado, llamado “timing”; y por el camino de la fijación de precios, llamado “pricing”.

Timing es el esfuerzo que el inversor tiene que hacer para anticipar los movimientos del mercado de acciones. Tiene que acertar a la hora de comprar, y debe mantener una inversión cuando ve que la evolución futura va a ser ascendente. Y tiene que acertar a la hora de vender o de no comprar cuando considera que la evolución futura va a ser descendente.

Por otro lado, el pricing es el esfuerzo del inversor por comprar acciones cuando están cotizadas por debajo del valor que considera justo y venderlas cuando están por encima de ese valor. Sólo se puede establecer cuál es el valor justo cuando se ha hecho un análisis de los fundamentos de la empresa.

Como te puedes imaginar, el pricing es la estrategia más recomendada para el inversor inteligente. Si empiezas a intentar acertar en el timing del mercado, en el sentido de querer prever cuándo una acción va a subir o a bajar, vas a terminar actuando como un especulador y vas a obtener los resultados financieros de un especulador, que siempre piensa a corto plazo.

Para el inversor inteligente, las oscilaciones del día a día o incluso de un mes para otro no tienen tanta importancia. Lo importante es el resultado a largo plazo. El mayor efecto de las oscilaciones es que hacen que el inversor inteligente vaya contra el mercado, es decir, que compre cuando todo el mundo está vendiendo y que venda cuando todo el mundo está comprando.

Puede parecer contradictorio, pero un inversor serio hasta se pone contento cuando el PRECIO de las acciones cae, siempre que el VALOR de la empresa se mantenga. Cuando eso ocurre, es como si estuvieses ante una promoción en una tienda: puedes comprar un buen producto por un precio descontado. Es como si pudieses comprar un billete de un dólar por cincuenta centavos.

Para hacer eso, el inversor tiene que taparse las orejas y hacer oídos sordos a lo que dice la peligrosa entidad conocida como El Señor Mercado.

7. Nunca dejes que El Señor Mercado defina cómo manejas tu dinero.

Cuando inviertes de forma inteligente, no estás poniendo tu dinero en un código de letras. Lo que estás haciendo en realidad es comprar parte de una empresa. Imagínate, por ejemplo, que has estado estudiando una empresa y, tras largos análisis, has llegado a la conclusión de que tenía sentido invertir mil dólares en ella.

Ahora imagina que alguien llama a la puerta de tu casa. Es el Señor Mercado, un personaje imaginario que nos ayuda a entender la diferencia entre el valor y el precio.

El Señor Mercado se pasa la vida haciéndote propuestas para que le vendas tu participación en esa empresa. Es un maníaco-depresivo. Hay veces que el Señor Mercado está eufórico y es optimista y hay veces que se siente completamente derrotado y pesimista.

Por eso, aunque hayas comprado tu parte de la empresa por mil dólares porque has entendido que ese era su valor, va a haber veces que el Señor Mercado ofrezca pagarte mil quinientos, pero otros días sólo va a ofrecerte setecientos. Además de intentar comprar tu participación por esos precios, también te ofrece la posibilidad de que le compres a él por los mismos precios.

Por eso lo importante es que tengas tu propia opinión y no te dejes influir por el Señor Mercado. Los valores de una empresa, sus fundamentos, difícilmente varían de un día para otro. Lo que varía es el precio.

Esa variación de precio te da la oportunidad de comprar cuando el precio cae mucho y de vender y lucrarte cuando el precio sube mucho. Para ello, necesitas haber definido claramente cuál es el valor justo de esa acción.

Fuera de esa oportunidad, lo mejor que puedes hacer es hacer oídos sordos a lo que diga El Señor Mercado y seguir centrándote en analizar los fundamentos de buenas empresas para establecer cuál es su precio justo y, así, conseguir comprar más y más acciones con precios descontados.

Incluso en un mercado alcista, siempre hay acciones concretas que se están vendiendo por precios inferiores a su valor real.

La gente que sigue los consejos del Señor Mercado es la que compra cuando las acciones están subiendo, pagando más de lo que realmente valen, y la que vende desesperada cuando las acciones caen, recibiendo menos del valor verdadero de esas acciones.

Como tú eres un inversor individual, tienes más libertad a la hora de elegir que un inversor prefesional que tiene que cumplir ciertas reglas que se han determinado previamente. El inversor profesional tiene que dar cuentas a otros, por lo que tiende a tomar decisiones siguiendo al Señor Mercado. Pero tú no tienes la misma obligación.

Si prestas atención, podrás identificar las oportunidades para comprar a la baja y para vender en la alza. La tarea del Señor Mercado es fijar precios; la tuya, decidir si te va a resultar ventajoso comprar o vender por esos precios.

8. Es esencial que entiendas y uses un margen de seguridad en tus inversiones.

No hay una forma fácil y garantizada de ganar dinero en la bolsa de valores. Evita buscar fórmulas, técnicas infalibles o indicadores técnicos para poner en tus gráficos como señales de compra y venta.

Hecha esta aclaración, sí que existe un concepto que puede marcar una enorme diferencia en tus resultados: el concepto del margen de seguridad.

Imagina que eres ingeniero y tienes que calcular cuánto peso tiene que aguantar un ascensor. Si en el ascensor tienen que caber como máximo cuatro personas de cien kilos cada una, ¿harías un ascensor con cables que se rompen con más de cuatrocientos kilos? Obviamente no, porque sería muy arriesgado. A lo mejor lo planeas para que el ascensor aguante el doble: ochocientos kilos. O, si eres más conservador, a lo mejor incluso más. Esta es la idea detrás del concepto de margen de seguridad.

En el mundo de las inversiones, puedes, por ejemplo, usar el margen de seguridad para calcular si tiene sentido invertir en renta fija comprando un título de deuda de una empresa, o incluso en renta variable comprando acciones de una empresa.

La renta fija de títulos privados básicamente es una empresa que dice que necesita que le prestes dinero. Y promete devolvértelo con intereses. Pero siempre hay cierto riesgo. ¿Cómo vas a decidir si tiene sentido prestarle dinero a la empresa? Por ejemplo, puedes investigar cuál es la proporción entre activos y pasivos.

Compara la empresa A con la empresa B. La empresa A es una empresa que tiene muchas máquinas, terrenos y un inventario de productos que llegan a un total de diez millones de dólares y cuyas obligaciones y deudas ascienden a tan sólo un millón. Sin embargo, la empresa B, que también tiene diez millones de activos, tiene obligaciones por cinco millones. Si todas las demás condiciones son iguales, la empresa A tiene más margen de seguridad que la B.

Ahora piensa en una empresa C que fabrica ladrillos desde hace más de treinta años. En los diez últimos años ha dado lucro, ha dado generosos dividendos y está en crecimiento constante. Y la empresa D es una empresa con una aplicación de entrega de comida con sólo cinco años de existencia, en los que nunca ha dado lucro. Es una startup financiada por varios inversores, está endeudada y todos los meses cierra en negativo porque su objetivo es crecer. Sin embargo, en realidad está perdiendo espacio de mercado porque otras empresas le hacen la competencia ofreciendo aplicaciones parecidas. En este caso, la empresa C tiene un mayor margen de seguridad que la empresa D.

El margen de seguridad es lo que te da un espacio para protegerte en caso de que te hayas equivocado en tu decisión de inversión. Y, si has tomado la decisión correcta, un buen margen de seguridad aumenta tus ganancias.

Por eso, cuando hablamos de inversiones, la idea del margen de seguridad siempre depende del precio que se paga. Aunque encuentres una excelente empresa para invertir, no va a resultar muy rentable si pagas demasiado por su acción.

Si guardas todo lo que tienes en una única cesta, tienes menos margen de seguridad que si diversificas. Ninguna acción por sí sola va a garantizarte un buen margen de seguridad. El margen de seguridad de una única acción lo único que te garantiza es que tienes más probabilidades de lucrarte que de tener pérdidas, pero no te garantiza que ese perjuicio no exista.

Por eso tienes que diversificar tu cartera, invirtiendo en varias acciones de diferentes sectores. A medida que el número de activos con margen de seguridad aumente en tu cartera, más seguridad tendrás de que las ganancias van a ser mayores que las pérdidas.

Una inversión inteligente debe tener un margen de seguridad de verdad. Y un margen de seguridad de verdad es el que es demostrable con números, con la razón y con referencia a experiencias reales. Es lo mismo que pasa cuando administras una empresa real: las operaciones que buscan el lucro no deben basarse en creencias, sino en las matemáticas.

Garantizar que no vas a perder más de lo que vas a ganar es la primera medida y la más importante que debes tomar. Al negarte a pagar más caro por una inversión, minimizas tus probabilidades de perder el dinero de repente.

Si mantienes tu cartera diversificada, si pagas un precio menor al valor real por acciones de buenas empresas, y si te niegas a pagar caro por las últimas modas del Señor Mercado, puedes garantizarte un rendimiento mayor que la media del mercado y, de esa manera, ver cómo tu patrimonio aumenta progresivamente.

Ganar dinero en la bolsa de valores a largo plazo depende más de ti que del mercado. Sólo vas a conseguir ganar dinero si entiendes cómo evaluar correctamente las empresas que se negocian en bolsa. Así es como serás capaz de entender la diferencia entre valor y precio.

Parece fácil, pero no lo es. Si lo fuera, todos los que entran en la bolsa de valores serían ricos. Eso no pasa porque saber analizar y elegir una acción requiere estudio, paciencia y práctica.

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