Los que no tengáis talento, escuchad con atención, ya que esta antigua historia os puede cambiar la vida.
Dicen que un hombre iba a hacer un viaje y llamó a sus tres empleados. Al primero, le entregó cinco talentos. Al segundo, dos talentos. Y, al tercero, un talento. Cada trabajador recibió según la habilidad que tenía.
¿Estás confundido? ¿Por qué el jefe le ha dado talentos a los empleados? Vamos a hacer una pausa antes de terminar la historia para explicar qué es el talento.
En la antigüedad, la palabra talento se usaba para representar una medida, una cantidad de dinero. Y es que esta es una historia antigua, también conocida como Parábola de los Talentos. Es probable que ya la conozcas, por lo que te la voy a contar de otra forma. Te voy a ayudar a entender el significado moderno en el que se usa la palabra talento hoy en día para explicar una habilidad, una aptitud. Volvamos a la historia. ¿Qué pasó?
El empleado que recibió cinco talentos inmediatamente invirtió el dinero en distintos negocios y consiguió ganar otros cinco. El que recibió dos talentos hizo lo mejor posible y ganó otros dos. Sin embargo, el que sólo recibió un talento cavó un agujero en el suelo y lo escondió.
Cuando el jefe volvió, llamó a los empleados para pedirles cuentas. El primer empleado se le acercó con diez talentos y le dijo “Jefe, me diste cinco talentos y aquí los tienes de vuelta, más otros cinco que he ganado”. Y el jefe, encantado, felicitó al empleado por haberle sido fiel en la administración de los talentos.
El segundo empleado se le acercó y le dijo “Jefe, me diste dos talentos y aquí los tienes de vuelta, además de otros dos que he ganado”. El jefe, encantado de nuevo, felicitó al empleado por haberle sido fiel en la administración de esos pocos talentos. Y dijo que el empleado merecía mucha más confianza.
El tercer empleado se le acercó y le dijo “jefe, tenía miedo porque sólo tenía un talento… y lo enterré. Aquí lo tienes de vuelta.” ¿Sabes lo que le dijo el jefe?
“¡Siervo malo y perezoso! ¡Que lo castiguen”. E hizo que le quitaran el talento y se lo entregasen al que tenía diez talentos. La parte que muchas personas creen que es impactante es la que dice que “Al que más tiene, más se le dará, y en abundancia. Al que no tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará.”
Una historia fuerte, ¿no? Antes de decir que es una historia absurda y querer criticar al jefe por ser injusto, pensemos. ¿Qué podemos aprender de esto? La forma en la que yo interpreto esta historia es que todos recibimos talentos en la vida, en cantidades diferentes. Algunos reciben más, otros menos. Pero eso no es lo que importa. Lo que importa de verdad es el uso que hacemos de nuestros talentos.
Lo que importa no es la cantidad total, la cantidad absoluta del resultado producido. Sería injusto castigar al que tenía dos y consiguió otros dos. Sería injusto compararlo con el que recibió cinco. Cada uno de nosotros y nosotras tiene aptitudes diferentes, en cantidades diferentes. Y, al fin y al cabo, lo realmente importante es nuestra actitud, es lo que HACEMOS. Tenemos que usar el talento que tenemos y ponerlo en práctica.
Y quien no lo ponga en práctica será castigado por “enterrar el talento”. ¿Quién va a castigar? La vida.
1. Algunas personas creen no tener talento para nada. Se equivocan. Todo el mundo tiene, por lo menos, un talento: la capacidad de adquirir talentos.
Quien cree que no tiene talento sufre de lo que se llama en psicología Efecto Pigmalión. Si crees que no tienes talento, corres el riesgo de sencillamente no dedicar tu tiempo a cultivar tus habilidades. Esto es equivalente a enterrar tu único talento: la capacidad de obtener talentos.
Pero, ¿cómo vas a obtener talentos? Usando tu cerebro. Este es el pilar central del entrenamiento avanzado Inteligencia Arata Academy. La razón por la que la inteligencia es el talento que permite obtener nuevos talentos es la siguiente: todos tenemos un tesoro de gran valor, que es nuestro cerebro. Nuestro cerebro es capaz de desarrollar habilidades, de obtener conocimiento, de cultivar nuevos talentos, de aprender cosas nuevas.
El error es desperdiciar ese potencial del cerebro y pasarte el día entero centrado en actividades que no contribuyen a tu crecimiento personal. Estas son las personas que no aprenden nada. No mejoran en nada porque no le dedican el tiempo suficiente a intentar mejorar. Estas son las personas que entierran su propio talento.

2. Es imposible elegir tu herencia genética. Es imposible escoger lo que ha pasado en tu infancia. Sin embargo, es posible elegir lo que vas a hacer hoy.
Cuando nos comparamos con los demás, puede surgirnos el sentimiento de no tener talentos suficientes. Si haces una comparación improductiva, puedes sentirte incapaz ante personas que parecen superdotadas. Esta es una comparación improductiva, ya que te desalienta, te decepciona, te paraliza, te hace enterrar tu único talento, que es tu inteligencia.
Por otro lado, una comparación productiva tiene dos componentes. Primero, te comparas contigo mismo. Es decir, hoy eres mejor que ayer. Y mañana, serás aún mejor.
El segundo componente de la comparación productiva es entender que hay muchas razones que explican las diferencias a nivel de rendimiento. Hay gente que realmente ha nacido con una capacidad natural mayor. Por ejemplo, hay varios estudios sobre el papel que tiene la genética en el talento musical
Para ilustrar la herencia genética, puedes pensar en ciertos deportes como el voleibol o el baloncesto. Dependiendo de si tus genes son favorables para tener más altura, eso te va a ayudar hasta cierto punto.
Además, los antecedentes de la infancia también tienen un papel indiscutible. Compara, por ejemplo, a un niño que desde bien pequeño ha recibido atención, apoyo y recursos educativos… con un niño que ha nacido en un ambiente hostil y sin acceso a los recursos mínimos. ¿Cuál de ellos tendrá mayor probabilidad de tener un buen rendimiento académico?
Dicho esto, nuestra infancia está en el pasado, por lo que es imposible cambiarla. Y la genética tampoco se puede modificar. Por eso tenemos que centrarnos en lo que sí es posible cambiar, que son nuestras decisiones. Te quiero dar la enhorabuena, porque has elegido estar aquí, centrándote en cultivar tu inteligencia. Y eso me dice mucho sobre ti.
No es una buena decisión malgastar tiempo comparándote con otras personas con más talentos. En vez de eso, una elección más inteligente es preguntarse: ¿cómo puedo empezar a obtener más habilidades? ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer, con mis condiciones actuales, para mejorar un poco cada día?
3. El trabajo duro supera el don natural. No importa cuántos talentos tengamos hoy. Lo que importa es lo que hacemos con el mayor talento que tenemos todos, la inteligencia.
Algunos científicos han investigado por qué algunas personas están por encima de la media. Querían saber si la razón del éxito está en tener un coeficiente intelectual alto, suerte y talento, o en el esfuerzo y el trabajo duro
El psicólogo Anders Ericsson hizo un estudio en una escuela de música, separando a violinistas en diferentes grupos según su edad y nivel de rendimiento.
En los grupos de niños muy pequeños, realmente parecía posible encontrar un talento natural o habilidad. A pesar de que todos los niños pequeños habían ensayado la misma cantidad de horas, algunos de ellos ya tocaban muy bien y, otros, tocaban muy mal. Es decir, con la misma cantidad de horas de entrenamiento, los niños más talentosos tenían un rendimiento mejor.
Sin embargo, en los grupos de adolescentes y adultos, ese talento natural dejó de ser importante a la hora de examinar la calidad de rendimiento. Quien tocaba mejor era sencillamente quien había practicado más horas. Quien tocaba peor, había acumulado menos horas de práctica.
Los violinistas de élite acumulaban, cada uno, cerca de diez mil horas de práctica deliberada. Los violinistas intermedios habían tocado unas ocho mil horas, y los peores habían practicado cerca de cuatro mil horas.
Lo que marca la diferencia es la cantidad de tiempo de práctica deliberada que dedicas a tu mayor talento: la inteligencia, el ingenio, la capacidad de aprender. La inteligencia y el ingenio se aprenden. Mira la presentación en el link este enlace
Todos tenemos la capacidad de aprender, pero son pocas las personas que usan un sistema de práctica deliberada para perfeccionarse.
Además del violín, también hicieron estudios en otras áreas como piano, ajedrez y baloncesto. El resultado fue el mismo: los mejores eran siempre los que habían acumulado más horas de práctica deliberada. Por eso, esta idea dio origen a lo que ahora se conoce como la regla de las diez mil horas.

4. La regla de las 10 mil horas enseña que la práctica deliberada vale mucho más que el talento natural.
No importa si has nacido con pocos talentos. Por lo menos tienes UN talento que es natural a todo ser humano, el cerebro. Sólo tienes que usar el cerebro y elegir una única habilidad para concentrarte con práctica deliberada durante diez mil horas. Y llegarás a estar por encima de la media en esa habilidad.
¡Y diez mil horas es mucho tiempo! En un escenario improbable en el que practicases la habilidad ocho horas al día, siete días a la semana, tardarías tres años y medio en completar diez mil horas.
En un escenario más probable, en el que practiques la habilidad cuatro horas diarias de lunes a viernes, tardarías diez años en llegar a las diez mil horas.
Atención: no alcanzas la maestría tan sólo cuando llegas al número mágico de las diez mil horas. Cada vez que practicas, mejoras un poco. Esto no es un juego del todo o nada. Por lo tanto, las personas que tienen un cerebro son capaces de mejorar un poco todos los días, siempre que haya ganas y dedicación.
Por eso, no te desanimes por no poder esperar tres o diez años para destacar en el mercado de trabajo. Esto es una comprensión errónea de la regla de las diez mil horas. Es imposible practicar diez mil horas de una vez. Sólo podemos practicar una hora cada vez, un minuto cada vez, y cada sesión de práctica deliberada cuenta para avanzar en el camino hacia la maestría.
5. Sin un talento inicial, puedes elegir cualquier habilidad que quieras practicar. No tener vocación es liberador.
Una de las quejas de quienes creen que no tienen ningún talento es la dificultad de encontrar un propósito de vida, un destino, una vocación.
En vez de pensar que es malo no haber encontrado tu propósito, piensa de forma diferente. Date cuenta de que eso es liberador. Piensa así: si no tienes un destino definido por ningún talento natural, eres libre de elegir la habilidad en la que quieres centrarte para convertirte en un profesional que esté por encima de la media.
Pero está claro que no vale la pena escoger cualquier habilidad. Si mides un metro y medio y tienes asma, puedes practicar incluso veinte mil horas, que no vas a conseguir convertirte en un jugador de baloncesto olímpico. Por eso tienes que escoger una habilidad que esté dentro de tu campo de posibilidades.
Esta habilidad debe ser algo que realmente te interese hacer. De lo contrario, si escoges practicar algo que odias hacer, va a ser muy difícil persistir en la práctica durante tanto tiempo.
Además, lo ideal es que escojas una habilidad para la que exista una demanda de mercado. Si no estás atrapado en un talento natural, y eres libre de elegir cualquier oficio, entonces elige uno en el que se cobre bien. Ya que vas a dedicar tanto tiempo de tu vida a dominar una habilidad, al menos que sea algo que pueda ayudar a los demás, algo por lo que los demás estén dispuestos a pagar bien.
Resumiendo: Son tres los factores que debes tener en cuenta a la hora de elegir el oficio al que vas a dedicar unas diez mil horas de tu vida, aunque creas que has nacido sin talento. Primero, tiene que ser algo que esté dentro de tus posibilidades. Segundo, tiene que ser algo que te interese de verdad. Tercero, lo ideal es que sea una habilidad para la que exista una demanda de mercado, algo por lo que otras personas estén dispuestas a pagar bien.
6. El esfuerzo supera al talento cuando el talento no se esfuerza.
Recuerda usar la comparación productiva. Compárate contigo mismo. Planifica tu versión de mañana, que será mejor que tu versión de hoy. Céntrate en lo que puedes controlar, que son tus propias acciones, tu propia perseverancia.
El esfuerzo supera al talento. No importa si tienes cinco talentos o un único talento. No importa si has practicado diez mil horas, o tan sólo diez. Lo que importa es lo que estás haciendo hoy.
Cada sesión de práctica deliberada te lleva a una pequeña mejora. Lo único que importa es mantenerse en el camino del crecimiento continuo. Siempre mejorando.
Es un trabajo que requiere paciencia, pero todo proceso de mejora continua es así. Es un proceso. Con esta mentalidad de crecimiento continuo y de comparación contigo mismo, vas a obtener resultados prácticos en tu carrera, en tus relaciones y en tus objetivos personales, en tu vida. La vida te va a recompensar.
Y entonces, un día, los demás van a ver tus resultados y van a pensar: vaya, yo también querría haber nacido con ese talento.
¿Qué tiene que hacer alguien que cree que ha nacido sin talento? Tiene que desarrollar sus propios talentos. Y eso se hace a través del ingenio y la inteligencia.
Estudios como los que proponen la regla de las diez mil horas muestran que el talento está sobrevalorado. Puedes evolucionar mucho en tu carrera, incluso sin talento, siempre que tengas la perseverancia de practicar continuamente una habilidad. Haz una comparación productiva, comparándote solo contigo mismo.
Este tipo de perseverancia funciona porque tu cerebro se desarrolla según lo necesita. Tu cerebro tiene plasticidad, lo que significa que se adapta para ejecutar las habilidades que necesita según vas practicando.
Para ayudarte en este proceso de mejora continua, Arata Academy tiene un entrenamiento específico para las personas que quieran desarrollar su propia inteligencia e ingenio. Puedes saber más sobre Ingenio Arata Academy ahora mismo accediendo al link este enlace