¿Has visto alguna vez en las redes sociales a algún influencer presumiendo de leer dos libros a la semana, ocho libros al mes o incluso un libro al día?
Si has visto algo de este tipo y te has quedado con ganas de leer un libro a la semana, piensa un poco. Cantidad no significa calidad. El mero hecho de leer un libro a la semana es inútil si los libros no son buenos o si la lectura es de baja calidad.
En primer lugar, analiza la calidad de los libros. Solo para darte un ejemplo exagerado, ¿quién crees que aprende más? ¿Alguien que lee cuatro libros llenos de ideas erróneas o alguien que lee un clásico como Guerra y Paz en el mismo tiempo? ¿Por qué alguien que ha leído ocho libros medianos de cien páginas es de alguna manera mejor que alguien que ha leído un libro excelente de ochocientas páginas?
En segundo lugar, porque lo que importa no es la cantidad de libros que lees, sino lo que haces con lo que has leído. ¿Estás poniendo esos conocimientos en práctica? ¿Has entendido los libros que has leído? ¿O sólo estás acumulando cifras de libros leídos para presumir después en las redes sociales?
En nuestra charla de hoy quiero enseñarte cómo puedes leer más y mejor sin ser prisionero de la idea de “tengo que leer dos libros a la semana” o algo así. Vas a ver que, cuando te liberes de ese tipo de meta, tu lectura va a ser mucho mejor.
1. No te pongas la meta de leer x libros a la semana. En lugar de eso, proponte reservar bloques de tiempo para leer.
Decir que vas a leer un libro a la semana es inútil. Tienes que ir más allá.
Hay libros de cincuenta páginas y libros de cinco mil páginas. Hay libros fáciles y difíciles de leer. Hay momentos en los que estás más relajado y la lectura fluye y momentos en los que estás más estresado y te cuesta avanzar.
Por eso, ponerse como meta leer una cantidad de libros no funciona a largo plazo. Es mucho mejor centrarse en crear el hábito de leer que ponerse a crear metas de cuántos libros leer.
Lo que es más, ese tipo de meta de “leer un libro a la semana” es una nueva moda que se ha popularizado en internet. Piensa en algún intelectual veterano y plantéate lo siguiente: ¿crees que ese intelectual les prometió a sus amigos que iba a leer un libro a la semana?
No. ¿Qué es lo que hacían esos intelectuales más tradicionales? Simplemente creaban el hábito de leer.
Los lectores que son capaces de leer todo el tiempo, durante toda la vida, simplemente le han dedicado a la lectura un bloque de tiempo dentro de sus rutinas.
Si quieres leer más y mejor, ese es el secreto. Crea bloques de tiempo para dedicarte exclusivamente a la lectura y encaja esos bloques de tiempo dentro de tu rutina, con detonantes para empezar y terminar de leer.

2. Encaja tus bloques de tiempo dentro de una rutina existente. Trata la lectura como una de tus rutinas diarias.
Imagina a alguien que es capaz de dejar treinta minutos durante la mañana o a la hora de comer o al final del día para leer. Si esa persona lee unas veinte páginas en esos treinta minutos, después de una semana de trabajo habrá leído cien páginas solo en los días laborables.
Si esa misma persona puede encajar otro bloque de treinta minutos, por ejemplo, antes de irse a dormir, podrá leer doscientas páginas a la semana solo de lunes a viernes.
3. Aprovecha al máximo tus bloques de tiempo de lectura creando detonantes, rutinas y recompensas.
Un hábito se forma en tres etapas: detonante, rutina y recompensa.
Tu detonante debe ser algo que ya exista en tu rutina y que señale el momento en el que vas a empezar a leer.
Si has decidido dedicar treinta minutos a la lectura por la mañana, tu detonante puede ser, por ejemplo, lavarte los dientes. En cuanto terminas de lavarte los dientes por la mañana, coges un libro, vas al sitio en el que lees, pones una alarma a los treinta minutos y, simplemente, empiezas a leer.
La lectura en sí es la segunda etapa del hábito, es la rutina.
Cuando la alarma suene a los treinta minutos, cierras el libro y sigues con tu rutina diaria. Puedes establecer una recompensa, como tomarte un café justo cuando termines de leer, o puedes usar la propia sensación de haber leído un libro como recompensa.
Hay algunos detalles que puedes tener en cuenta que ayudan a crear un hábito de lectura. Por ejemplo, si puedes, lee siempre en el mismo lugar. Si te gusta leer con música instrumental de fondo, escucha siempre el mismo tipo de música. Si te gusta medir tu progreso, usa siempre la misma aplicación para contar cuántas páginas has leído.
Estos detalles ayudan a crear la rutina, a transformar tu bloque de tiempo de lectura en un hábito tan automático como lavarse los dientes o entrar en las redes sociales.

4. Sé indistraíble durante tu bloque de tiempo de lectura. La calidad de tu lectura es más importante que la cantidad.
Leer un libro a la semana no sirve de nada si no estás captando realmente lo que lees. Por eso la calidad de tu lectura es más importante que el número de páginas que lees al día.
Durante los bloques de tiempo que dediques a la lectura, debes eliminar todas las distracciones. Deja el teléfono lejos, o boca abajo, en modo avión. Apaga la tele. Quédate en un ambiente aislado, si es posible. Si no puedes, usa auriculares con música instrumental o con cancelación de ruido.
Cuando estés leyendo, intenta concentrarte en la lectura. Si empiezas a divagar, intenta volver a dirigir suavemente tu enfoque a la lectura.
Un buen consejo es tener siempre papel y boli al lado del libro. Así, si durante la lectura recuerdas que tienes que comprar leche, pagar una factura o llamar a un amigo, simplemente apúntalo en el papel y sigue leyendo.
¿Por qué usar papel y boli? ¿No sería más fácil usar el teléfono? Sí… pero vas a evitar intencionadamente utilizar el teléfono para hacer anotaciones. La razón es que, si abres el teléfono para apuntar algo, es posible que veas alguna notificación, un mensaje sin leer, un nuevo email… y en ese caso tu bloque de lectura corre serio peligro.
Por esta misma razón tu bloque de tiempo no debe ser muy largo. Es difícil mantenerse concentrado durante períodos largos. Por eso, intenta usar bloques de entre veinte y treinta minutos.
Aunque tengas una hora para leer, intenta hacer dos bloques separados de veinticinco minutos, con una pausa de diez minutos entre medias. Durante esa pausa puedes levantarte, beber agua, mirar el teléfono. Y luego volver a la lectura con una concentración total.
Si no eres capaz de mantener la concentración en el libro, a lo mejor el problema es el libro en sí. Tal vez hayas elegido un libro de mala calidad. O a lo mejor es un libro de un estilo que no se adapta a tu lectura. O puede incluso ser un libro demasiado complejo para tu nivel actual de conocimiento.
Si ese es el caso, lo mejor que puedes hacer es simplemente dejar ese libro. Déjalo para más adelante. Prueba con otro autor, otro tema, otra perspectiva. La lectura debe ser placentera. No hay ninguna ley que te obligue a seguir leyendo un libro que no te está gustando.
Hay tantos buenos libros por leer que no tiene ningún sentido esforzarse por leer algo que no te está aportando ningún beneficio.
Si eres de esas personas que no hacen más que decir que les gustaría leer más libros, hoy has aprendido que no se debe pensar sólo en la cantidad. Decir que vas a leer un libro a la semana es una tontería. Hay algo mucho mejor, que es la calidad de la lectura y la creación de hábitos. Y la sencillez es el mejor camino para conseguir estas dos cosas.
Fíjate en tu rutina. Intenta encontrar por lo menos un momento de tu día en el que puedas encajar un bloque de tiempo de veinte o treinta minutos. Todos los días, en ese momento de tu rutina, pon una alarma, elimina las distracciones y simplemente empieza a leer.
Cuando suene la alarma, cierra el libro y sigue con tu vida normalmente. Ya está. Ese simple hábito va a conseguir que leas más y mejor, sin causarte complicaciones. Recuerda que la lectura no es una competición para ver quién lee más libros a la semana. Lo que quieres es conocer nuevas ideas, abrir tu mente, aumentar tu conocimiento. Y para ello, lo único que necesitas es dedicar un poquito de tu día a la lectura.
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